miércoles, 4 de mayo de 2011

AL FANÁTICO SE LE DEBE DAR MUERTE

Contra el fanatismo. Amos Oz

“¿Cómo curar a un fanático? Perseguir a un puñado de fanáticos por las montañas de Afganistán es una cosa. Luchar contra el fanatismo, otra muy distinta. Me temo que no sé exactamente cómo perseguir fanáticos por las montañas, pero puede que consagre una o dos reflexiones a la naturaleza del fanatismo y a las formas, si no de curarlo, al menos de controlarlo. Se trata de una lucha entre los que piensan que la justicia, se entienda lo que se entienda por dicha palabra, es más importante que la vida, y aquellos que, como nosotros, pensamos que la vida tiene prioridad sobre muchos otros valores, convicciones o credos.

La actual crisis del mundo, en Oriente Próximo, o en Israel/Palestina, no es consecuencia de los valores del islam. No se debe a la mentalidad de los árabes como claman algunos racistas. En absoluto. Se debe a la vieja lucha entre fanatismo y pragmatismo. Entre fanatismo y pluralismo. Entre fanatismo y tolerancia. El 11 de septiembre no es consecuencia de la bondad o la maldad de Estados Unidos, ni tiene que ver con que el capitalismo sea peligroso o flagrante. Ni siquiera si es oportuno o no frenar la globalización. Tiene que ver con la típica reivindicación fanática: si pienso que algo es malo, lo aniquilo junto a todo lo que lo rodea
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El fanatismo es más viejo que el islam, que el cristianismo, que el judaísmo. Más viejo que cualquier estado, gobierno o sistema político. Más viejo que cualquier ideología o credo del mundo. El fanatismo es un componente siempre presente en la naturaleza humana, un gen del mal. La gente que ha volado clínicas donde se practicaba el aborto en Estados Unidos, los que queman sinagogas y mezquitas en Alemania, sólo se diferencian de Bin Laden en la magnitud pero no en la naturaleza de sus crímenes. Desde luego, el 11 de septiembre produjo tristeza, ira, incredulidad, sorpresa, melancolía, desorientación y, sí, respuestas racistas –antiárabes y antimusulmanas– por doquier. ¿Quién habría pensado que al siglo XX le seguiría de inmediato el siglo XI?”.
Extraído del ensayo “Contra el fanatismo”, del escritor israelí Amos Oz (Editorial Siruela).

¿ASESINAR A LOS TERRORISTAS ES LA "SOLUCIÓN" A LOS PROBLEMAS?

Esta semana comentaremos la cuestión de dar muerte al terrorista. ¿Debemos matar para conseguir la desaparición física total del fanático que se resiste obstinadamente a aceptar nuestra verdad? Sé que dar muerte al terrorista nos parece "natural" e incluso obvio, sin embargo, ¿debemos aniquilar el mal para que perdure el bien?
A continuación, les presentaré la siguiente noticia para que ustedes indaguen por su propia cuenta y riesgo.


El mundo entero, como habrán podido advertir muchos de ustedes, aún se encuentra convulsionado tras el anuncio que hizo este fin de semana Barack Obama, el presidente de Estados Unidos, sobre la muerte de Osama bin Laden, el líder de Al-Qaeda.
Esta noticia que no tardó en ser reproducida por todos los medios de comunicación del planeta ha generado hasta el momento múltiples reacciones, desde temor y cautela por parte de algunos hasta alegría por parte de otros. Incluso, no faltaron aquellos que desconfían de la versión que dio el mandatario norteamericano, quien aseguró que el terrorista fue abatido en Pakistán por un grupo de élite estadounidense y su cuerpo, arrojado al mar.
Si bien este episodio nada tiene que ver con la cultura o la actividad literaria, muchas personalidades relacionadas al ámbito de las letras han querido expresar lo que sienten y piensan ahora que, de acuerdo a datos oficiales, Osama bin Laden ha desaparecido para siempre.
Uno de los escritores que se pronunció al respecto es Mario Vargas Llosa. Desde su punto de vista, este asesinato amerita el festejo de todos ya que, más allá de que él hubiese preferido sancionarlo como marca la ley, “hechas las sumas y las restas, la desaparición de Bin Laden es una buena cosa para el mundo”. De todas formas, el Nobel peruano reconoció que aquí no se termina la lucha “porque todavía quedan muchos fanáticos sueltos”.
Lejos de compartir la visión de su colega, Paul Auster se mostró apenado por la cantidad de personas que han salido a las calles “a celebrar una muerte, aunque sea la del terrorista más buscado del planeta”. Para él, este deceso “no cambia nada en el mundo” ya que, desde su perspectiva, “Bin Laden y Al Qaeda son gánsteres, no son Hitler y los nazis: son gente aislada y loca”.
Por su parte, indican desde ElMundo.es, el checo Ivan Klima consideró que “no es contradictorio con la defensa de una democracia matar a Bin Laden”.
Publicado por Verónica Gudiña